La sociedad anónima es sin duda uno de los grandes inventos del hombre. Desde que se impuso como modelo de organización el potencial de los negocios no está ya limitado a los recursos propios del administrador talentoso o a la capacidad gerencial de un inversionista acaudalado. Sin este invento, no existirían la mayoría de las grandes empresas del mundo.
A pesar de sus evidentes ventajas, también tienen sus problemas. Las distintas partes involucradas en una sociedad anónima, particularmente accionistas y administradores enfrentan potenciales conflictos de interés. El gobierno corporativo se aboca a dicha problemática disponiendo de mecanismos y prácticas que alinean intereses y facilitan el monitoreo de cómo la empresa utiliza los recursos y genera valor.
En Chile hay enormes oportunidades de perfeccionar las prácticas de gobierno corporativo, pero aquí sólo me referiré a un punto que ha cobrado interés en los últimos días: el rol de las AFPs en mejorar el gobierno corporativo de las empresas del país.
Es indudable que al ser el principal accionista minoritario del mercado chileno, las AFPs no sólo tienen la fuerza sino también el deber irrenunciable de promover una gestión eficiente y la creación de valor en las empresas donde invierten. La pregunta es cómo.
Por su actuación en recientes juntas de accionistas parecería que esto se lograría con la alternancia de los directores designados por ellos y limitando sus remuneraciones. La lógica de estas medidas es, cuanto menos, difícil de entender ¿Cambio por el cambio? ¿Lo mismo en directorios con gestiones exitosas que para los menos exitosos? Es francamente una buena noticia que las AFPs reconozcan su rol pero, a mi juicio, hay maneras más claras de ejercerlo.
La más evidente y principal forma de mejorar las prácticas de gobierno es fijando estándares deseables y luego invirtiendo en consecuencia. En Estados Unidos hay un dicho popular atingente “put your money where your mouth is”. Esto lo podríamos traducir como ‘invierte consecuentemente con lo que predicas”. Si una empresa no cumple con las prácticas deseadas simplemente no compren sus acciones.
Está bien documentado en numerosos estudios que el precio de las acciones de una compañía sube cuando participan en su propiedad sofisticados inversionistas institucionales. Se sabe que cuando el enorme fondo de pensiones CalPers invierte en una empresa, el desempeño del negocio mejora y las acciones suben en forma importante. Es notable que este fondo haya desarrollado códigos explícitos de cómo debe ser el gobierno de las empresas en que invierten y de que su accionar sea consecuente con ellos.
En otras palabras, la buena gestión y el buen gobierno de un accionista controlador serán premiados cuando una AFP compra acciones de su empresa. El controlador será el principal beneficiado de que el precio de sus acciones suba y de que aumente la liquidez de sus papeles en el mercado. Al misma tiempo, será también el controlador quien resulte castigado cuando las AFPs no inviertan o incluso liquiden sus acciones en el mercado. El precio de las acciones no sólo podría caer por la oferta de un gran paquete vendedor. El resto del mercado es decir, otros inversionistas también verán esto como una luz de alarma respecto de la empresa.
Es posible de que las AFPs se quejen, y con justa razón, de que una política muy selectiva de inversión los dejaría con poquísimas alternativas en Chile. Definitivamente, la autoridad debe flexibilizar los límites de inversión, incluyendo por cierto más empresas en el extranjero, para que haya más alternativas de donde elegir. Sin embargo, esto no exime a las AFPs de su responsabilidad de ser consecuentes.
Publicado en La Segunda. Abril 2004.