Mejora del Gobierno Corporativo en Chile: Un Imperativo

Publicado por Alfredo Enrione, el 30 Noviembre de 2009.

El gobierno corporativo se refiere a los mecanismos, reglas y prácticas, que regulan la relación entre accionistas, directores y administración, para lograr los objetivos de la empresa, aumentar su valor y satisfacer las expectativas de los diferentes grupos de interés. El perfeccionamiento de estos mecanismos es un imperativo para las empresas. Los directores, y responsables directos del gobierno empresarial, están en la mira y la sociedad espera reformas radicales. Podemos identificar, al menos, cinco fuerzas que nos ayudan a entender porqué es un tema de la mayor importancia y visibilidad pública.

En primer lugar, y por desgracia, en prácticamente todos los mercados financieros relevantes se han generado casos que generan “escándalo público”. Los Enron o WorldCom en Estados Unidos, los Parmalat en Europa o el caso Chispas en Chile han puesto de manifiesto una falla en el gobierno corporativo de las empresas (y de sus respectivos mercados financieros). Tal ha sido la magnitud de los escándalos que los legisladores han considerado que se atentaba contra la fe pública y la eficiencia de los mercados y se apresuraron a generar nuevas leyes. Nuestra Ley de Opas del 2001, el perfeccionamiento del la legislación respecto del uso de información privilegiada, y la nueva ley de gobiernos corporativos que entra en vigencia el próximo año, todos pueden encontrar su origen en casos con nombre y apellido. La célebre, y ya muy criticada, Ley Sarbanes Oxley o el Código Cadbury son también muestras de lo mismo, pero esta vez con un impacto que trasciende las fronteras de los mercados en que se originaron.

En segundo lugar, es preciso reconocer que los mercados financieros de los países, como proveedores y receptores de recursos financieros compiten entre sí, y cada vez más. Rentabilidades esperadas, tasas de interés y tipos de cambio inclinan la balanza minuto a minuto para que trillones de dólares fluyan de un mercado a otro. Al mismo tiempo, la transparencia de información de las empresas hacia los inversionistas y la protección de los derechos de los accionistas minoritarios (dos aspectos centrales del gobierno corporativo) juegan un rol fundamental en estas decisiones. Por esta razón, agentes reguladores como la SEC, o nuestras locales y prestigiosas SVS o SBIF buscan continuamente formas de hacer los mercados más transparentes, eficientes y dinámicos.

En tercer lugar, las empresas de Chile y el mundo se encuentran con un nuevo actor en la propiedad. Compañías de seguros, fondos de inversión y fondos de pensiones participan de la propiedad de empresas en todos los sectores de la economía, muchas veces representando los intereses de millones de personas. De hecho en Chile las AFPs son el principal accionista en términos agregados. Los tradicionales accionistas controladores y empresarios se encuentran entonces con nuevos socios. Nuevas voces que exigen resultados, transparencia y protección de sus intereses. Quieren reglas claras y están dispuestos a premiar las buenas prácticas favoreciendo con sus inversiones y pagando primas por este menor riesgo, pero también a castigar con mayores tasas de descuento y eventualmente a votar “con los pies”. Es así como, al menos en otros mercados, la presencia de inversionistas institucionales está positivamente correlacionada con mejores retornos, mayores inversiones en innovación y mejores prácticas de gobierno corporativo en general.

En cuarto lugar, es evidente para todos quienes luchan a diario por el favor de los consumidores, que los negocios son cada día más complejos, dinámicos y competitivos. En muchos sectores, especialmente globales la competencia es a muerte. Es lo que hace años denominó Richard D’Aveni como hipercompetencia donde los jugadores, escenarios y reglas del juego cambian continuamente. El gobierno empresarial entonces no puede ser simplemente un control, un impuesto, un gasto fijo. Debe constituirse en una verdadera arma para competir. Se trata de que las empresas cuenten con directorios de alto desempeño. Órganos colegiados que tengan a los individuos más idóneos, con las capacidades, experiencias y visiones necesarios para enfrentar los desafíos de la empresa. Equipos que transmitan una buena imagen a la sociedad, se complementen, compartan visiones y utilicen todas las herramientas necesarias para trabajar como el mejor equipo. Ya no es una opción, es una exigencia.

Por último, es preciso reconocer que la sociedad, y en particular las expectativas que ésta tiene respecto de las empresas, ha cambiado. Ya hay voces en todo el mundo que hablan de un nuevo capitalismo. La conciencia sobre la responsabilidad social de las empresas está de moda. Más les vale, porque enfrentan a los ciudadanos mejor educados, más informados y mejor coordinados de la historia. Basta con acceder a internet para informarse de la empresa, sus resultados y hasta las aficiones de sus ejecutivos principales. Las redes sociales en la web son poderosísimas herramientas de coordinación de clientes, proveedores y de la opinión pública en general. Ya lo sabe bien United a la que un cliente, después de no obtener una respuesta a su problema, compuso una canción de protesta (United Rompe Guitarras) ya visto por casi 7 millones de personas en YouTube.

Parece entonces que la visión de Miton Fridman de que “el negocio de los negocios son los negocios” está cada vez más cuestionada (y demodé). Varios íconos del pensamiento empresarial como el mismísimo Michael Porter o el managing director de McKinsey, que parafraseando a Rousseau, señalan que estamos ante un nuevo “contrato social”. Para ellos es imperativo que las empresas incorporen las expectativas de la sociedad en el centro de su estrategia, no sólo para evitar problemas y riesgos sino para capturar oportunidades. Todo esto obliga a replantear el funcionamiento, las agendas y las herramientas del gobierno de las empresas.

A partir de todo lo anterior, se desprenden al menos tres reflexiones finales: (i) la importancia y visibilidad del gobierno corporativo de las empresas no es una moda, sino que viene para quedarse; (ii) hay fuertes presiones económicas, financieras y sociales por su mejora, mientras antes mejor; (iii) el perfeccionamiento no es, como muchos parecen pensar, una disputa por quién controla el destino de las empresas, sino una forma de buscar cómo generar más valor, y que éste sea más sostenible en el tiempo.

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2 Comentario(s):

  1. Se supondría que los directorios representen el interés del 100% de los accionistas. Sin embargo, por la lógica de las mayorías, las débiles protecciones de minorías y la estructura de los pactos accionistas, éstos sólo logran cautelar los intereses de un porcentaje de los dueños de las acciones, que a veces es bastante reducido. El resto de los accionistas queda bastante desprotegido, ya que sus directores pasan en la práctica a tener voz pero no voto relevante, su voto no permite cambiar decisiones que los representantes del grupo controlador consideran adecuadas. Por lo tanto, los accionistas no controladores están expuestos a que quienes ostentan el voto de mayoría tomen decisiones que ellos no comparten. Si vemos que el directorio y como consecuencia la administración no contempla la visión de muchos de sus accionistas. Entonces es difícil pensar que sin regulación y por lo tanto en forma espontánea se preocupen de otros "stakeholders" que no están activamente representados en la estructura de toma de decisiones corporativa. Adicionalmente a una adecuada regulación, hay otros factores, que se complementan con ésta, que son los factores "non business" que tengan impacto en el "resultado del negocio". Es decir, todos aquellos aspectos que no son parte del negocio mismo pero que influyen en el rendimiento y resultado de éste. Cada vez más, por la velocidad y cobertura de las comunicaciones (en especial influido por internet) y por la conciencia de la sociedad sobre el impacto que tienen las empresas en el entorno, se ha convertido en una necesidad para los directorios y para la administración de las compañías considerar a diferentes grupos de interés que hasta ahora habían sido casi ignorados. Los gobiernos corporativos que no contemplen dentro de sus estrategias de negocio todos los factores non-business tendrán cada vez más problemas que impactarán en su imagen y por lo tanto en sus resultados. Esta nueva realidad constituye una fuerza natural para que los gobiernos corporativos cuiden de mejor forma que en el pasado factores que van más allá del negocio. Como la excesiva regulación podría resultar una camisa de fuerza paralizadora para el desarrollo corporativo, confío en que la fuerza del mercado en materias non business sean las más relevantes en mejorar parte de las prácticas de gobierno de las empresas que en el pasado han funcionado en forma deficiente. Sobrecargar a las empresas con regulaciones exageradas pudiera traer consecuencias inesperadas.
    Jacques Albagli,
    Comentó el 29 Diciembre de 2009 a las 07:11 .
  2. Ingrese su comentario: Comparto la forma en que se enfoca el tema y sólo quisiera agregar que para tener verdaderos gobiernos corporativos, sus Directores, Administración Superior y todo el personal debe tener en mente que el agregar valor a la empresa y competir en el mercado, debe hacerse considerando la ética de la empresa y el marco valórico que ella postula y de la cual son ejemplos la forma de actuar de los estamentos más altos de la organización, que modelan con su ejemplo las conductas y principios. Tengo la fortuna de trabajar en una empresa en que su Presidente, Directores y alta administración son ejemplos de esas conductas y ello ha permitido a nuestra empresa competir, crecer, aumentar su valor, etc.
    Gabriel Durán,
    Comentó el 28 Diciembre de 2009 a las 07:11 .

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