La proliferación de leyes más duras, celosa regulación y una verdadera industria de asesores surgida después de los escándalos de gobierno corporativo probablemente causarán un efecto contrario al inicialmente perseguido. Como en el “Traje del Emperador”, la exagerada atención en la regulación aleja a muchos de las mejoras de fondo. Gerentes y directores están cada vez más adversos al riesgo. A menudo más preocupados de sus riesgos personales que de qué es realmente bueno para la empresa y sus accionistas. Un cambio en el foco puede contribuir a remediar esta tendencia que está minando las bases de la cultura empresarial.
En el actual paradigma los directorios ven su papel como el de supervisar las operaciones. Así, los gerentes delegan decisiones sobre un grupo que tiene desventajas comparativas para dicha tarea (en el rol gerencial, los directores son peores que el propio gerente). En esta situación vale la pena preguntarse si existe realmente un rol perdurable para los directorios.
Una forma más constructiva de enfrentar este problema proviene de las investigaciones del Elliot Jaques. Este encontró que el nivel de responsabilidad de cualquier cargo puede ser medido objetivamente en términos del horizonte de tiempo para completar la tarea más larga asignada a él.
Hoy en día resulta irreal entregar a un gerente general la responsabilidad exclusiva sobre tareas que tendrán un impacto en 20 años más. Cómo atender al largo plazo cuando las presiones competitivas le absorben en el día a día. En este sentido, resulta útil pensar en que el directorio ocupa el más alto cargo en la jerarquía de la organización. Es allí donde deben encontrar y clarificar su rol. En lugar de competir por el dominio operacional, deben re-enfocar su rol hacia maximizar el valor sostenible de la empresa en el largo plazo.
Esto no sugiere que el gerente general delegue su responsabilidad en el proceso de planificación estratégica. Por el contrario, esto debería ser el eje en tomo al cual se produzca la interacción entre el directorio y el gerente general. Esto obligaría a los directores a entender más a fondo la estrategia de la empresa, los elementos que la sustentan y la forma en que se está ejecutando.
Es claro que las actividades del día a día en un directorio van más allá de lo anterior, pero el foco operacional no debe distraer la atención de temas más fundamentales y respecto de los cuales los directores pueden y deben agregar valor, quedándose muchas veces en una supervisión superficial.
Al clarificar los roles se facilita la “tensión constructiva” que todos persiguen pero pocos logran (salvo en crisis). Sin embargo, lo más importante es que proveería de un contrapeso a las presiones que ejercen los desafíos de corto plazo sobre la administración.
Una vez que los directorios redefinan su rol hacia el valor sostenible en el largo plazo, podrán decidir cómo se organizan e informan mejor para su trabajo. Tendrán que ver bajo la superficialidad de los resultados financieros actuales. Aspectos como satisfacción de los clientes, calidad de productos o servicios, relaciones con la comunidad o innovación son predictores de los resultados futuros. Habrá entonces que dirigir la atención hacia más aspectos no financieros, más difíciles de medir y por eso son ignorados por el mercado.
Nuevas formas de monitorear estos indicadores no sólo cambiarán los roles y deberes del directorio sino también el de los asesores independientes.
Un estudio reciente de Booz Allen encontró que entre 1999 y 2003 se destruyó más valor por mala administración y pobre ejecución de estrategia que todos los escándalos corporativos combinados. En última instancia, la cruzada regulatoria es más una cuestión de valores que realmente un desafío económico (o gerencial). Una mano firme en el timón, con la vista más allá de las vicisitudes del día a día, nos asegurará empresas vitales y activas como mecanismos poderosos y ‘auto-regenerantes” para movilizar recursos y esfuerzos puyados. En este sentido, clarificar la responsabilidad del directorio puede facilitar este desafío urgente.
Publicado en Economía y Negocios, El Mercurio. Junio 2005.
*Tu comentario pasará por previa moderación antes de ser publicado