La irrupción de la inteligencia artificial (IA), especialmente en su forma generativa, constituye no sólo un avance tecnológico significativo, sino también una interpelación de carácter antropológico. Más allá de sus aplicaciones prácticas, obliga a replantear una cuestión fundamental: ¿Qué (y quién) es el ser humano y qué valor tiene lo propiamente humano en un contexto de creciente automatización?
En este escenario, el riesgo principal no parece residir en una eventual "humanización" de la IA, sino, más bien, en una posible "maquinización" del propio ser humano en sus modos de pensar, decidir y actuar. Esta advertencia invita a examinar con mayor rigor las diferencias entre la IA y la inteligencia humana.
Álvaro Pezoa B.
30 de marzo del 2026