En política, como en tantas dimensiones de la vida, tener razón es importante. Pero no basta. Se puede disponer de un buen diagnóstico, sostener convicciones fundadas e incluso identificar correctamente aquello que debería hacerse y, sin embargo, no conseguir transformar la realidad.
La discusión que Chile mantiene sobre seguridad permite observarlo con claridad. Parece existir un acuerdo bastante extendido respecto de que enfrentamos una delincuencia diferente, más violenta y organizada, que desafía capacidades estatales concebidas para otra realidad. Las diferencias aparecen, naturalmente, cuando corresponde determinar qué instrumentos utilizar, hasta dónde debe llegar y cuáles son los resguardos necesarios para evitar excesos.
Álvaro Pezoa B.
08 de septiembre del 2026